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    Arquitectura popularcanela

    Os Pendellos de Agolada

     

     

     

     

    OS PENDELLOS DE AGOLADA

     

    © Manuel Busto Galego

    mayo de 2012

     

     


      Localización de Agolada, prácticamente en el centro geográfico de Galicia.

     

     

     

    Agolada. Situación y referencias 

     

    Agolada es tierra agraria, germen gallego delimitado por la confluencia del Ulla, aún joven e impetuoso, con el Arnego de aguas frescas y claras. El monte Farelo, con sus 954 metros, divisa y tutela la penillanura en que se asienta la villa de los Pendellos.

     

    Agolada es la capital del concejo homónimo desde 1833. El núcleo empezó a formarse alrededor de una importante encrucijada de caminos. La semilla fue una posada-taberna de las que servían a los caminantes, documentada por primera vez en 1569 y citada como "Pousa de Agualevada".

     

     

     Vista aérea de Agolada en 1973. En la parte central se puede apreciar el espacio ocupado por los pendellos. Fragmento de una imagen obtenida por Paisajes Españoles.

     

     

     

    Constitución de la feria. Los Pendellos

     

    A finales del siglo XVIII, cuando Agolada era una aldea de cuatro casas, figuraba como vecino el escribano D. Ramón Barrio de Losada, titular de las escribanías de las jurisdicciones de Ventosa y Borraxeiros. Él fue el encargado de ejecutar la "Real Orden para Arreglo de Ferias y Mercados del Reino de Galicia", comisionado por el Diputado General del Reino, D. Antonio Jacinto Sotelo de Novoa. A este respecto dispuso en fecha de 1788 el traslado de una feria existente en las estribaciones del Farelo (Chaos de Aián - As Trabancas) para la pequeña aldea de Agolada, junto a su propia casa. Entre los arreglos de la feria ordenó la construcción de un recinto cerrado con un muro de piedra para albergar la feira de ganado, inició la construcción de los pendellos-expositores para resguardar a los vendedores de mercancías, decidió plantar 64 robles en el espacio baldío comunal para que la feira se acogiese a la sombra y abrigo de los árboles. Probablemente él mismo mandase clavar en esta ocasión el Marco de la Constitución de la feria, monolito pétreo que todavía hoy luce entre las caballerizas y la Casa de la Audiencia. Decide igualmente, previos los pertinentes permisos eclesiásticos, el trasalado de la capilla de las Virtudes (propiedad de la familia de su esposa) desde el río Ferreiroa hasta el interior de Os Pendellos, que sería inaugurada el día de San Antón (13 de junio) de 1791.

     

    Así se fue conformando la base de lo que llegaría a ser el máis extenso recinto de pendellos. Este fue el escenario durante 224 años de una de las más afamadas y concurridas ferias del interior de Galicia. Paulatinamente crecieron alpendres y feria en tamaño y en servicios al tiempo que la villa. En 1845, Pascual Madoz en su "Diccionario Geográfico y Estadístico..." cita esta feria como un importante mercado de ganado, herrajes, cereales y otros productos.

     

    El recinto de Os Pendellos fue consolidándose como un pequeño barrio de feria, como un apéndice íntimamente relacionado con la villa, tejiendo un entramado de calles, callejones y pequeñas plazas. Aparentemente sin organización por estar las casetas poco alineadas, pero sí se observa que todas las calles son paralelas o perpendiculares a los caminos reales que las circundan: Calle Mayor (camino real que procedía del Ponte Vilariño) y calle Constitución (camino real que procedía del puente de Pedroso).

     

    Con el nombre de "pendello" (o "alpendre") se designa en Galicia una construcción próxima a la casa, que a veces solo tiene tejado y que se utiliza para guardar los aperos de labranza, la leña y otros objetos. Los pendellos de la feria son también construcciones sencillas, funcionales, pensadas para usos concretos y diversos: guarecer a los feriantes en los distintos momentos de la feria, pero desprovistas de grandes soluciones arquitectónicas u ornamentales. Por sí solas, individualmente, podríamos afirmar que carecen de un valor arquitectónico reseñable, pero el conjunto disfruta de un marcado carácter, conferido por el poso de los siglos, la armonía espontánea y no planificada de las construcciones, la uniformidad y nobleza de los materiales, la disposición de los espacios, la proporción y escala de los edificios, la rusticidad práctica, la simplicidad de las soluciones constructivas ...

     

     

    Grupo de pendellos en una placita del barrio ferial de Agolada. Foto Bernabé, 1970.

     

     

     

    Tipología de los pendellos de Agolada

     


    • Pendello-expositor

     

    Son pendellos abiertos. Están construidos a partir de un muro trasero y unos pilares monolíticos que en algún caso se suplementan con madera para dar altura y nivelación a los tejados. Sobre este muro y pilares se apoyan las vigas y viguetas de madera. Duelas y teja completan el tejado. Entre los pilares del frontal aparece un muro de mediana altura que sirve de mostrador para las mercancías. En el muro trasero suele haber unas losas que sobresalen a modo de contramostrador para exponer las mercancías y almacenarlas.

    Estos pendellos eran propiedad de particulares, quienes los alquilaban a los comerciantes durante los días de feria. El resto de los días del mes era raro que se usasen. Al amparo de estos cobertizos tienen dormido mendigos, los gitanos nómadas y durante las guerras carlistas diferentes partidas de facciosos.

     

     

    Pendello-expositor. Foto de Manuel Novoa Rodríguez, 1965.

     

     

    • Pendello-comedor

     

    Estos pendellos son los de mayores dimensiones de cuantos hay en el recinto. En Agolada hubo diez pendellos-comedor, de los que aun quedan seis, alguno de ellos con elementos alterados.

     

    Son edificios de planta rectangular, erigidos con sólidos muros de mampostería granítica. En una de estas paredes suene haber grandes ventanas con celosía de barrotes para permitir la iluminación del local y la ventilación. En el interior siempre había una hogar en uno de los rincones y a veces un sencillo mostrador. El resto del local estaba ocupado por rústicas mesas y bancadas fijas, construidas con madera de pino. Los clientes acudían con el "pulpo", traído desde la caldera de los "pulpeiros". En el pendello compraban el pan, el vino, la carne al caldero, el café, el aguardiente ...

     

    Casi todos estaban en pleno funcionamiento en los años 60 del siglo pasado y a partir de 1970 fueron sucumbiendo al quedar en inferioridad de condiciones respecto de las casas de comidas que iban abriendo en la villa. Otros perecieron víctimas de la política de tirar pendello para colocar asfalto.

     

       

    Pendellos-comedor por ambos lados de la calle. El del fondo es la trasera de otro pendello-comedor. Imagen cedida por el Museo de Pontevedra. Tomada en 1929.

     

     

    • Casetas-almacén

     

    Son casetas pequeñas, de propiedad privada para uso del propietario y raras veces para alquilar. En ellas guardaba el propietario la bestia o el ganado en caso de necesitarlo. También guardaba las compras que iba haciendo a lo largo del día mientras no llegaba la hora de volver a casa.

     

    Algunas de estas casetas poseen un rudimentario hogar para encender el fuego y poder cocinar. También hay bastantes que poseen dos plantas. En la planta de arriba tenían un cuarto para dormir. Había feriantes que tenían que venir de víspera y otros se quedaban para marchar al día siguiente, por lo que precisaban de un lugar para dormir.

     

    Los propietarios de estas casetas son en su mayoría vecinos de las parroquias del ayuntamiento y en algún caso los hay que pertenecen a personas de los ayuntamientos limítrofes (de Rodeiro, Lalín, Antas de Ulla y Palas de Rei, principalmente).

     

    Algunas casetas llegaron a tener características de verdaderas casas.

     

     

    Una calle empedrada con casetas-almacén a los lados. Año 2011.

     

     

    El Paseo da Parranda

     

    De todas las calles que formaban Os Pendellos, destacaba una por su atractivo, su anchura y por ser la principal arteria de la feria. Había doce pendellos-expositores que se situaban a ambos lados, cinco pendellos-comedor, varias casetas-almacén, varias casas-vivienda y la capilla de las Virtudes. Por esta calle, una vez que terminaba la feria, paseaban las jóvenes y los jóvenes en un ir y venir de parrafeos, miradas furtivas o cómplices y decires chispeantes hasta que la noche ponía el remate con su negra capa.

     

     

     

    Foto histórica de la calle da Parranda con pendellos-comedor y pendellos-expositores, hoy desaparecidos, a ambos lados. Foto Bernabé, 1970.

     

     

     

    La Casa de la Audiencia

     

    Cuando la feria consiguió una concurrencia multitudinaria, surgieron otras necesidades: mantener el orden y la ley, resolver los conflictos derivados de la propia feria. En algún momento inicial (finales del XVIII o principios del XIX), decidieron edificar al lado de Os Pendellos una casa destinada a juzgado, cuartel y cárcel. En ella actuaría un juez, especialmente los días de mercado, llegaría a haber una dotación de guardas permanente y se habilitó un calabozo enrejado para meter los apresados. Al lado del edificio principal se levantó una caseta destinada a caballerizas para la guarnición con capacidad para catorce caballos. La casa, muy modificada por ulteriores restauraciones, y las caballerizas siguen en pie en la actualidad.

     


     El Marco de la Constitución al pie de la Casa de la Audiencia (a la derecha) y las caballerizas (detrás). Foto de Manuel Busto, 2005.

     

     

     

    Valor etnográfico, arquitectónico e histórico

     

    Hoy, sin duda, Agolada tiene en este espacio, que fue declarado Conjunto Histórico-Artístico en 1985, un importante referente etnográfico de la arquitectura popular comunal. Por alguna desconocida razón llegó a ser el mayor recinto de pendellos de Galicia, el más extenso mercado antiguo de feria de Europa, del cual se conservan en la actualidad alrededor de un 60% de las construcciones primitivas. Las demás sucumbieron a la piqueta de una época (años 70 y 80 del siglo XX) de desarrollismo mal entendido, en la que se interpretó que aquellos pendellos carecían de valor y había que sustituirlos por edificios más actuales.

     

    Aun así, adentrarse hoy en Os Pendellos de Agolada es como volver atrás en el tiempo y experimentar la sensación de ir a la búsqueda de pretéritas y anónimas historias. Además de ser una excelente oportunidad para contemplar la sencillez y majestad de la piedra granítica en toda su rusticidad, ocasión para admirar el pragmatismo de los constructores de esta arquitectura del pueblo, momento para reencontrarse con un fragmento relevante de la historia de la Galicia rural y campesina: el pasado de las ferias.

            

     

     

    Interior de un pendello-expositor restaurado recientemente, en el que los feirantes circulaban por un pasadizo cubierto.

     

     

     

     

     Espacio que ocupan los pendellos en el centro de la vila. Cuando se tomó la imagen, aún non se había rehabilitado la capilla de las Virtudes.

     

     

    Para conocer más datos sobre Agolada, recomendamos consultar el interesante blog de Manuel Busto:

    http://aquamlatam.blogspot.com.es/

     

    Y también: http://gl.wikipedia.org/wiki/Agolada

     


    Desde Editorial Canela, le agradecemos a Manuel Busto Galego su amabilidad por permitirnos reproducir en nuestra web este clarificador texto, así como las hermosas e históricas fotografías que le acompañan.

     

     

     

     

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